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Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

viernes, 16 de abril de 2010

EL ANTECEDENTE HEBREO AL NUEVO TESTAMENTO

Por Sir A. Buzzard, teólogo cristiano-unitario.
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Será útil por la vía del resumen y para orientarnos al pensamiento del mundo de los autores del nuevo Testamento, establecer los principales pasajes de las Escrituras Hebreas de donde se derivaron su unificada comprensión de la persona de Cristo. En ninguna parte puede demostrarse que el Mesías sería un ser no creado, un hecho que nos causaría mirar fuera de la Biblia para hallar la fuente de semejante concepto revolucionario.

El propósito original para el hombre, hecho a la imagen y gloria de Dios, fue la de ejercer dominio sobre la tierra (Génesis 1:26;Salmo 8). Ese ideal nunca se pierde más allá de nuestra capacidad de recuperarlo, porque el salmista habla de la “gloria” con la que el hombre ha sido (potencialmente) coronado de modo que “todas las cosas le sean sujetas bajo sus pies” (Salmo 8:5,6. Como el plan divino lo revela, se hace claro que la prometida “simiente de la mujer” es la que revertirá el desastre causado por Satanás (Génesis 3:15) será un descendiente de David (2 Samuel 7:13-16). Él llamará a Dios su Padre (2 Samuel 7:14) y será nombrado como el Hijo de Dios, el Mesías, a quien Dios confía la gobernación de la tierra (Salmo 2). Antes de ocupar su oficio real, no obstante, el Mesías debe sentarse al lado derecho del padre y llevar el título de “Señor”(Salmo 110:1). Como Hijo de Hombre, hombre representativo, él tomará su lugar en el cielo antes de recibir de Dios autoridad para administrar un imperio Universal (Daniel 2:44; 7:14; Hechos 3:20,21). Habiendo en su primera venida sufrido por los pecados de la gente (Isaías 53: Salmo 22), él está por venir nuevamente como el primogénito de Dios, el soberano de los reyes de la tierra (Salmo 89:27), prefigurado por David quien fue también elegido de entre el pueblo (Salmo 89:19,20).

Como el segundo Moisés, el Mesías se levantará en Israel (Deuteronomio 18:18), derivando su filiación divina a un nacimiento sobrenatural de una virgen (Isaías 7:14; Lucas 1:35), y siendo confirmado como Hijo de Dios a través de su resurrección de los muertos (Romanos 1:14). Como Sumo sacerdote, el Mesías sirve ahora a su pueblo desde el cielo (Hebreos (:1) y espera el tiempo de la restauración de todas las cosas (Hechos 3:21), cuando él sea destinado a ser reintroducido a la tierra como Rey de Reyes, la figura divina del Salmo 45 (Hebreos 1: 6-8). En aquel tiempo, en la nueva era del Reino, él regirá con sus discípulos (Mateo 19:28, Lucas 22:28-30; 1 Corintios 6:2; 2 Timoteo 2:12; Revelación 2:26, 3:21; Revelación 20:4). Como Adán encabeza la creación original de los seres humanos en la tierra, así Jesús es la cabeza creadora del Nuevo Orden de la humanidad, en quien los ideales de la raza humana se cumplirán (Hebreos 2: 7).

Dentro de este marco Mesiánico, la persona y obra de Jesús pueden ser explicadas en términos comprendidos por los apóstoles. El propósito de ellos aún cuando presenten la más “avanzada Cristología” es proclamar la creencia en Jesús como Mesías e Hijo de Dios ( Juan 20:31), quien es el centro de todo el propósito de Dios en la historia (Juan 1:14). Sin embargo, Jesús está obviamente coordinado en una muy íntima manera con su Padre, este último permanece como “el único Dios verdadero” del monoteísmo bíblico (Juan 17:3). Jesús así representa la presencia del único Dios, su Padre. En el hombre Jesús, Emmanuel, el único Dios está presente con nosotros (Juan 14:9). 22