Datos personales

Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

lunes, 1 de septiembre de 2008

LA SECTA DE LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ: EL PROBLEMA DE LA HEMOTRASFUSION

"Solamente os abstendréis de comer carne con su alma, es decir, con sangre."Gen 9,4
"...que se abstengan de las contaminaciones de los ídolos, de la fornicación, de lo ahogado y de sangre."Hch 15,20

"Y tomando Jesús la palabra, habló a los doctores de la Ley y a los fariseos, diciendo: `¿Es lícito curar en sábado o no?´. Ellos guardaron silencio. Y, asiéndole, le curó y le despidió, y les dijo: `¿Quién de vosotros, si su hijo o su asno cayere en un pozo, no le saca al instante en día de sábado?´"Luc 14,3-5

"Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos."Juan 15,13.
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De todos es sabido la oposición de los Testigos de Jehová a recibir transfusiones de sangre incluso aunque su vida corra peligro.
Para ello se basan en una interpretación torticera de dos versículos bíblicos: Génesis 9,4 y Hechos 15,20. Cualquiera que los lea sólo encontrará una prohibición de alimentarse de sangre, pero es obvio que las transfusiones de sangre no figuran entre las recetas alimenticias de Arguiñano y sí entre los avances de la ciencia médica a la hora de salvar vidas.

Como quiera que un Testigo de Jehová (TJ) no va a aceptar argumentos que no puedan ser sacados de la Escritura, vayamos a la misma para hacerles entrar en razón. Esta es una charla real que mantuve (LF) con un Testigo de Jehová (TJ):

LFAsí que vosotros afirmáis que la vida está en la sangre, ¿verdad?

TJSí, lo dice la Biblia en Gen 9,4

LFY claro, como la Biblia, incluso en el Nuevo Testamento (Hch 15,20) prohíbe el ingerir sangre, vosotros rechazáis las transfusiones de sangre, ¿verdad?

TJEfectivamente. Es una ley de Dios y no debemos quebrantar la ley de Dios en ningún caso.

LFOk, ¿has leído lo que Cristo dijo en Lucas 14,1-6?

TJ (tras haber leído la cita):

Sí, ¿y? ¿Qué tiene que ver esto con lo que estamos hablando?

LF¿Tú crees que es justo el permitir que se quebrante una ley de Dios, la del sábado, para salvar la vida de un burro, a la vez que se prohíbe quebrantar otra ley para salvar la vida de un ser humano? Pero antes de responderme, lee Juan 15,13
TJ (tras leer Juan 15,13)

silencio.....

LFJuan 15,13 dice "Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos" Bien, pues si, como vosotros enseñáis, en la sangre está la vida de la persona, entonces el mayor acto de amor que nadie pueda hacer es donar su sangre, su vida, por sus amigos, en caso de necesidad. Y ya sabes que contra el amor, no hay ley que valga, ya que el amor es la ley superior a cualquier otra.

El TJ, tras balbucear mucho, dijo que iría a consultarlo con sus superiores. No volvió a aparecer.

No es baladí este asunto. Son muchos los Testigos de Jehová que han muerto inútilmente por negarse a recibir transfusiones en el mundo y también en España. Incluso han muerto niños porque sus padres, cegados por las enseñanzas del imperio sectario de la Watchtower, se han opuesto a la transfusión. Pero como hasta ahora no he encontrado un solo TJ, líderes incluídos, que haya sido capaz de rebatir a los argumentos arriba expuestos, creo que sería útil que tanto creyentes como no creyentes, en especial médicos y ATS, usen dichos argumentos en caso de encontrarse ante un TJ que pone en peligro su vida o la de sus hijos por no querer recibir sangre. Si logramos salvar una sola vida, habrá merecido la pena.

Luis Fernando Pérez Bustamante
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Más artículos sobre la secta "Testigos de Jehová" en el link "sectas" de http://www.elevangeliodelreino.org/

LA SECTA WATCHTOWERIANA: LA CUESTION DE LA SANGRE

(Haga click abajo y vea el video)
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Testigos de Jehová (La cuestión de la sangre)

Un video que muestra la política intransigente de la sociedad Watchtower de los Testigos de Jehová con respecto a las transfusiones de sangre. Una interpretación totalmente errada de la ley Levítica ha causado la muerte de 9,000 niños "Testigos de Jehová" en solo un año. Lamentablemente, muchos padres de familia que son seguidores de este alienante culto de los "Testigos de Jehová", se han visto obligados a privar del derecho a la vida a sus seres queridos por una inexistente prohibición de recibir transfusiones de sangre, originada por una errada interpretación de una una ley levítica que únicamente prohíbe comer sangre de animales. Pero como todos sabemos bien, una transfusión de sangre no es lo mismo que comer sangre. La transfusión no destruye la sangre, salvo que sea digerida como alimento común, o mal conservada. Además, en la época de Moisés no existían las transfusiones de sangre, por lo que no se puede prohibir algo que no existía.
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Los falsos profetas de la Watchtower, miembros del "esclavo fiel y discreto" (el "cuerpo gobernante"), se han mantenido invariables en este punto, ocasionando cada año que pasa más muertes sin sentido de sus miembros. La sociedad Watchtower, y su falso "cuerpo gobernante", tendrán que rendir cuentas al Todopoderoso por esta doctrina asesina que mantienen vigente aún hoy, sin tener realmente ninguna justificación contundente sustentada en la Biblia.

www.yeshuahamashiaj.org
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ISRAEL PUEBLO ESCOGIDO DE DIOS POR SIEMPRE

La teoría del Reemplazo
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Uno de los más grandes malentendidos de la relación Iglesia/Israel se llama la «Teología del Reemplazo». Esta teología enseña que a la Iglesia se le han dado las promesas que se le hicieron a Israel, a causa de la incredulidad de Israel y de su rechazo del Mesías. Así, estos teólogos enseñan que Iglesia ha reemplazado a Israel y que los judíos no tienen ningún futuro en el Plan Divino. Esta teología se disfraza bajo un sinnúmero de nombres: «Teología del Dominio»; «Teología del Reino Ahora»; «Teología del Pacto» o «Teología Reconstruccionista» entre otros.

Esta teología la sostienen sobretodo los postmilenialistas, los amilinialistas y algunos premilinialistas. Uno de los mayores problemas con la teología del reemplazo es que, falsamente, coloca al Creador como culpable de no cumplir sus promesas con Israel, a quien pertenecen (Ro. 9:3-4).

Estas promesas incluyen:

Promesa de una tierra (Gn. 12:7; 13:15-16; 17:7-8).

Promesa de recoger a Israel y restaurar el Reino de Israel con el Mesías como Rey (Dt. 30:1-5; Is. 9:6-7; 11:1-16; Jer. 23:5-6; vea también: Dt. 28:1-14; 2 S. 7:4-14; 1Cr. 17; Sal. 89; Is. 2:1-4; 14:1; 25:1-27:13; 56:1-18; 60:1-22; 62:1-12; 65:17-25; 66:7-9; Jer. 16:14-15; 30:1-33:26; Ez. 33:1-39:29; 40:1-48:35; Os. 11:1-14:9; Jl. 2:18-3:21; Am. 9:11-15; Miq. 4:1-8ss; 7:11-20; Sf. 3:9-20; Hag. 2:20-23; Zac. 14; Dn. 2:44.)

Uno de los puntos principales de la Teología del Reemplazo es su falso reclamo de que Elohim ha rechazado a Israel. Las Escrituras, sin embargo, son muy claras. Elohim prometió en el Tanak no rechazar a Israel, diciendo: «Así dice YHWH, quien da el sol para luz de día, y el orden fijado de la luna y las estrellas para luz de noche, quien agita el mar para que sus olas rujan; YHWH de los Ejércitos es su nombre. Si este orden fijado se aparta de delante de mí, declara YHWH, entonces la simiente de Israel también cesará de ser una nación delante de mí para siempre. Así dice YHWH, si los cielos arriba pueden medirse, y los fundamentos de la tierra pueden escudriñarse abajo, entonces yo también desecharé la simiente Israel por todo lo que han hecho; declara YHWH.» (Jer. 31:35-37).

YHWH dice también en las Nuevas Escrituras que él no ha rechazado a Israel, como leemos en Romanos: «Digo, pues, ¿ha desechado Elohim a su pueblo? ¡Ciertamente no! ... Elohim no ha desechado a su pueblo ... ¿Han tropezado ellos para caer? ¡Ciertamente no! ... no te jactes contra las ramas. Pero si te jactas, recuerda que tú no sostienes a la raíz, sino la raíz te sostiene a ti.» (Ro. 11: 1-2, 11, 18)

Este «jactarse» es la Teología del Reemplazo la cual se condena dos veces en las Nuevas Escrituras diciendo: «Conozco la blasfemia de los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que son una congregación de Satán.» (Ap. 2:9; 3:9)

Los que promueven la Teología del Reemplazo, recuerden « ... no te jactes contra las ramas; ... tú no sostienes a la raíz, sino la raíz te sostiene a ti.» (Ro. 11:18) Porque Elohim dice «Conozco la blasfemia de los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que son una congregación de Satán.» (Rev. 2:9; 3:9)

EL REINO DE DIOS

"Nos ha Librado del poder de la oscuridad y nos ha trasladado en el Reino del Hijo de Su amor" (Pablo, Colosenses 1:13)
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¿Estamos ya en el Reino como algunos insisten?

Por Ing° Mario A Olcese
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Los defensores del preterismo o del Amilenialismo sostienen que el Reino de Dios ya vino en el primer siglo, mientras se apoyan en las palabras de Pablo dirigidas a los Colosenses, donde él les dice—en tiempo pasado— que ya han sido trasladados en el Reino: "Nos ha librado (tiempo pasado) del poder de la oscuridad y nos ha trasladado (tiempo pasado) en el reino del Hijo de Su amor (1:13)."

Los “Pretéritos” de Pablo

Pero también es verdad que Pablo usa el tiempo pasado para otras de sus declaraciones importantes. Por ejemplo, veamos dos de ellas:

“Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida (tiempo pasado) juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó (tiempo pasado), y asimismo nos hizo sentar (tiempo pasado) en los lugares celestiales con Cristo Jesús" (Efe. 2:5,6).

En su carta a los efesios el apóstol Pablo les dice que ellos y él ya han sido resucitados para vida y sentados en lugares celestiales con Cristo Jesús. ¿Pero estaban Pablo y los fieles de Éfeso en la tierra y en el cielo al mismo tiempo?¿Estaban sentados con Cristo en los lugares celestiales, y sufriendo padecimientos en la tierra al mismo tiempo? Pues claro que no. ¡Sus palabras obviamente no pueden ser tomadas literalmente!


2do caso dónde Pablo usa el Pretérito

"Y a los que predestinó (tiempo pasado), a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó (tiempo pasado). " (Rom. 8:30).

Aquí Pablo les está diciendo a los creyentes de Roma que aquellos que fueron predestinados, también fueron glorificados. No obstante, nosotros no podemos tomar sus palabras de una manera literal, porque en el verso 17 él dice claramente que nosotros debemos primero SUFRIR para ser después glorificados juntos con él: "Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos (tiempo futuro) glorificados".

Finalmente, Pablo pone la glorificación en el parusía de Cristo, no antes de ella. Él dice en Colosenses 3:4 como sigue: “Cuando Cristo que es nuestra vida aparezca, entonces vosotros también apareceréis con Él en gloria". Aquí de nuevo vemos que nosotros no podemos tomar todas las elocuciones paulinas en tiempo pasado literalmente. En Hebreos 6:12 Pablo dice que nosotros podemos heredar las promesas ahora por la fe, aunque él admite a los creyentes de Roma que ellos deben perseverar primero, haciendo buenas obras para lograr esas promesas (Rom. 2:6,7).
¿Cómo entonces debemos nosotros tomar las palabras de Pablo en Colosenses 1:13 y Efe. 2:5,6? La única manera cómo podemos explicar Colosenses 1:13 y Efe. 2:5,6 es diciendo que nosotros hemos sido resucitados, sentados en los lugares celestiales, y trasladados en el reino, por la fe, y en los propósitos y en la predestinación de Dios.

Así que Pablo en Colosenses 1:13 no puede estar contradiciendo a Jesús cuando Él dijo en Mateo 25:31,34 que la herencia del Reino será durante el tiempo de su Parusía: "Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria…entonces dirá el Rey a los que están en su diestra, Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo."

Y tampoco Pablo puede contradecirse cuando él dijo a los creyentes de Corinto que: “La carne y sangre no puede heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción". ¿Creyó acaso Pablo que los creyentes Colosenses ya habían sido resucitados y transformados como seres inmortales y no así los creyentes de Corintio? ¡No lo creo!

Más sobre el Reino en:

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EL DIABLO Y SUS FORMIDABLES TRUCOS

Por Juan Wesley

No ignoramos sus maquinaciones (II Corintios 2:11).
1. Tan numerosos como las estrellas del cielo o las are­nas de la mar, son los ardides con que el mañoso dios de este mundo pretende destruir a los hijos de Dios, o al menos atormentar a los que no puede destruir, estorbar y dejar perplejos a los que procuran emprender la carrera que les es propuesta. Empero me propongo hablar solamente de uno de esos artificios, si bien lo usa de varias maneras, por medio del cual se esfuerza en dividir el Evangelio en contra de sí mis­mo, y hacer que la una parte destruya a la otra.

2 El reino interior del cielo, que está establecido en los corazones de todos los que se arrepienten y creen en el Evan­gelio, no es otra cosa sino "justicia, y paz, y gozo por el Es­píritu Santo." Aun un niño en el Evangelio sabe que somos hechos partícipes de estas bendiciones, desde el momento en que creemos en Jesús, pero que son tan sólo los primeros frutos de su Espíritu-no son la cosecha misma. Si bien es cierto que estas bendiciones son sumamente grandes, sin em­bargo, esperamos ver otras aún más grandes. Abrigamos la esperanza de amar a Dios nuestro Señor, no sólo como le amamos ahora, con un afecto débil aunque sincero, sino de todo nuestro corazón, y de toda nuestra mente, y de toda nuestra alma, y de todas nuestras fuerzas.
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Aguardamos el poder de estar siempre gozosos, de orar sin cesar, de dar gracias en todo, sabiendo que "esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús."

3. Esperamos ser hechos perfectos en el amor, en eso que destierra todo temor doloroso y todos los deseos, menos el de glorificar a Aquel a quien amamos, y de amarle y ser­virle más y más. Esperamos recibir tal aumento en el amor y tal conocimiento real de Dios nuestro Salvador, que poda­mos siempre andar en la luz "como él está en luz." Creemos que estará en nosotros todo el sentir que estuvo en Cristo Jesús; que amaremos a todos los hombres de tal manera que estaremos listos a poner nuestra vida por ellos; que, de­bido a este amor, estaremos libres de la ira, de la soberbia, y de todo afecto pecaminoso. Esperamos ser limpiados de to­dos nuestros ídolos, de toda inmundicia de carne y de espí­ritu; ser guardados de todas nuestras inmundicias, interio­res y exteriores, y purificados como El es puro.

4. Confiamos en la promesa de Aquel que no puede en­gañarnos, de que indudablemente llegará el día cuando en todas nuestras palabras y obras haremos su santa voluntad en la tierra como se hace en el cielo; día en el que toda nues­tra conversación estará sazonada con sal, apta para adminis­trar gracia a los oyentes; en que bien sea que comamos, que bebamos, o que hagamos cualquiera otra cosa, todo se hará para la gloria de Dios. En ese día, todas nuestras palabras y obras se harán en el nombre del Señor Jesús, "dando gra­cias siempre de todo al Dios y Padre en el nombre de nues­tro Señor Jesucristo."

5. Ahora bien, he aquí el gran ardid de Satanás: des­truir la primera obra de Dios en el alma-o al menos estor­bar su desarrollo-valiéndose de la esperanza que tenemos de una obra más grande. Por consiguiente, me propongo, en primer lugar, señalar los varios métodos de que se vale pa­ra llevar esto a cabo, y en segundo lugar, cómo podemos de­fendernos de las flechas que dispara el enemigo malo; cómo podemos elevarnos todavía más, valiéndonos del mismo me­dio que prepara a fin de que caigamos.
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I. Paso, primeramente, a mencionar los diferentes mé­todos con que Satanás procura la destrucción de la primera obra de Dios en el alma, o al menos evitar su desarrollo va­liéndose de la esperanza que tenemos en esa grande obra.

1. Procura desanimar el gozo que sentimos en el Señor, haciéndonos ver nuestra vileza, lo pecaminoso de la natura­leza humana y nuestra indignidad. Más aún, sugiere que de­be haber en nosotros un cambio todavía mucho mayor, de otra manera no podremos ver al Señor. Si estuviésemos se­guros de permanecer hasta el día de nuestra muerte en el grado a que hemos llegado, encontraríamos en ello algún consuelo-si bien no grande-pero sabiendo que no hemos de permanecer en esta condición-puesto que se nos asegura la existencia de un cambio mayor que está por venir-y que a no ser que todo pecado quede destruido en esta vida, no po­dremos ver la gloria de Dios, el adversario mañoso con fre­cuencia enfría el gozo que de otra manera sentiríamos con motivo de lo que ya hemos alcanzado, sugiriéndonos de un modo perverso lo mucho que no hemos alcanzado y la ne­cesidad absoluta de alcanzarlo.

Así es que no podemos regocijarnos en lo que ya hemos alcanzado, porque hay mucho que todavía no alcanzamos. No podemos sentir plenamente la bondad de Dios que tanto ha hecho por nosotros, porque hay cosas mucho mayores que todavía no ha hecho. Igualmente, mientras más profunda es la convicción que Dios obra en nosotros de nuestra falta de santidad actual, y mientras más vehemente es el deseo de nuestro corazón de tener esa completa santidad que El nos ha prometido, más nos tienta el diablo a que menosprecie­mos los dones actuales de Dios, los que ya hemos recibido, haciéndonos pensar en los que no hemos alcanzado.

2. Si Satanás llega a conseguir esto, si puede enfriar nuestro gozo, muy pronto procede a atacar nuestra paz. Su­gerirá estas ideas: "¿Eres digno de ver a Dios? El es dema­siado puro para ver la iniquidad. ¿Cómo puedes engañarte hasta el grado de creer que te ve con benignidad? Dios es santo, tú eres pecador. ¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas? ¿Cómo es posible que tú, tan impuro como eres, puedas ser aceptado por Dios? Ves la marca, el premio de tu vocación celestial, pero ¿no está muy lejos de ti? ¿Con qué valor te figuras que tus pecados ya han sido borrados? ¿Cómo puede ser esto, antes de que estés más cerca de Dios, de que te asemejes a El mucho más?" Con tales razones pro­curará no sólo trastornar vuestra paz, sino destruir su base; haceros volver insensiblemente al punto de donde partisteis primero, a buscar la justificación por medio de las obras, de vuestra justicia; a hacer de alguna cosa en vosotros el fun­damento de vuestra aceptación, o al menos un requisito pre­vio y necesario.

3. Si permanecemos firmes en nuestra creencia de que "nadie puede poner otro fundamento que el que está pues­to, el cual es Jesucristo;" de que somos "justificados gratui­tamente por su gracia, por la redención que es en Cristo Jesús," el diablo no se dará por vencido, sino que dirá: "El árbol por su fruto es conocido: ¿Tenéis los frutos de la jus­tificación? ¿Tenéis el sentir de Cristo? ¿Estáis muertos al pecado y vivís en justicia? ¿Os habéis conformado a la muer­te de Jesucristo y tenéis el poder de la resurrección?" Entonces, al comparar lo insignificante de los frutos que sen­timos en nuestras almas con la plenitud de las promesas, no podremos menos que exclamar: "En verdad que Dios no ha dicho que mis pecados han sido perdonados. Ciertamente que aún no he recibido la remisión de mis culpas. ¿Qué par­te tengo entre los que ya están santificados?"

4. Muy especialmente insistirá en esto con la mayor vehemencia en la hora de la enfermedad y del dolor. "¿No dice Aquel que no puede mentir: Sin santidad nadie verá al Señor? Empero vosotros no sois santos, lo sabéis perfecta­mente, así como sabéis que la santidad es la imagen perfecta de Dios. ¡Qué lejos de vosotros está esa santidad! ¡A qué altura tan grande! No podéis alcanzarla, y por consiguiente, todos vuestros esfuerzos son en vano. Todo lo que habéis su­frido de nada vale. En balde habéis gastado vuestras fuerzas. Aun estáis en vuestros pecados y en ellos pereceréis." Así que si vuestra mirada no se fija en Aquel que llevó vuestras transgresiones, el diablo os traerá otra vez al "temor de la muerte," por medio del cual estuvisteis tanto tiempo suje­tos a la servidumbre. De esta manera debilitará vuestra paz y regocijo en el Señor, si no es que destruirá estas bendicio­nes para siempre.

5. Empero aún queda por mencionar su obra maestra de sutileza. No le satisface haber atacado vuestra paz y con­tento, sino que procura haceros mayores males. Procura ata­car también vuestra justicia. Se esfuerza en debilitar-y si fuere posible destruir por completo-la santidad que ya tenéis, valiéndose de esa misma esperanza que acariciáis de reci­bir más, de alcanzar por completo la imagen de Dios.

6. De lo que ya se ha dicho se desprende en parte la manera con que procura hacer esto, puesto que, primera­mente, al atacar vuestro gozo en el Señor ataca vuestra san­tidad, viendo que el gozo en el Señor es un medio precioso de promover todo temperamento santo, un instrumento del Se­ñor con el que lleva a cabo mucho de su trabajo en el alma del creyente, y es una ayuda muy importante no sólo a la santidad interior, sino a la exterior. El gozo del Señor forti­fica nuestras manos en la prosecución de la obra de la fe y de los esfuerzos del amor; nos ayuda a pelear con valor la batalla de la fe y a echar mano de la vida eterna. Dios ha querido que ese gozo nos defienda en contra del sufrimien­to interior y exterior; que nos ayude a que alcemos las ma­nos caídas y las rodillas paralizadas. Por consiguiente, todo aquello que resfría nuestro gozo en el Señor, obstruye en esa proporción nuestra santidad, y por lo tanto, al debilitar nuestro gozo, Satanás impide también nuestra santidad.

7. Lo mismo sucederá si consigue de un modo o de otro debilitar o destruir nuestra paz, puesto que la paz de Dios es otro medio precioso para desarrollar la imagen de Dios en nuestras almas. Apenas puede concebirse una ayuda mayor a la santidad que la tranquilidad de espíritu no interrum­pida, la firmeza de la mente que descansa en Dios y esa cal­ma que reposa en la sangre de Jesús. Sin esto es casi imposi­ble crecer en la gracia y "en el conocimiento" vital "de nues­tro Señor Jesucristo." Porque todo temor, excepto el temor filial, hiela y paraliza el alma, seca todas las fuentes de la vida espiritual y paraliza todo movimiento del corazón hacia Dios. La duda enloda el alma, como quien dice, y la sumerge profundamente en el cieno. Por consiguiente, si el miedo y la duda prevalecen, se interrumpe en esa proporción el de­sarrollo de nuestra santidad.

8. Al mismo tiempo que-valiéndose de temores y de dudas-nuestro sabio adversario procura hacer que nues­tra persuasión de la necesidad de un amor perfecto se con­vierta en un medio de debilitar nuestra paz, se esfuerza en debilitar nuestra fe, si no es que en destruirla. En verdad que la paz y la fe son inseparables, de manera que juntas deben permanecer o caer. Mientras existe la fe permanece­mos en paz. Nuestro corazón está firme mientras creemos en el Señor. Pero si abandonamos nuestra fe-nuestra confian­za filial en ese Dios que ama y que perdona-se acaba nues­tra paz, habiéndose derrumbado la base misma sobre la que estaba edificada.
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Y esta es la base de la santidad y de la paz. Por consi­guiente, cualquiera cosa que destruye esta fe, destruye igual­mente la raíz de la santidad, porque sin esta fe, sin esta con­ciencia de que Cristo me amó y se dio a sí mismo por mí, sin esta persuasión constante de que Dios tiene misericordia de mí por el amor de Cristo, es imposible que yo ame a Dios. "Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero," y le amamos en proporción directa a lo firme y claro de nuestra convicción de que El nos amó y nos aceptó en su Hijo. A no ser que amemos a Dios, es imposible que amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos, y, por consiguiente, que tengamos afectos puros para con Dios o para con los hombres. De lo que evidentemente se sigue que todo lo que debilita nuestra fe debe, en el mismo grado, debilitar nuestra santi­dad. Esta manera de destruir toda santidad no sólo es la más eficaz, sino también la más amplia, puesto que no ataca a una sola virtud cristiana, a una sola gracia o fruto del Espíritu, sino que destruye hasta donde puede la raíz misma de la obra de Dios.

9. Nada extraño es, por consiguiente, que el rey de las tinieblas de este mundo se esmere en esto hasta más no po­der-lo que sabemos por nuestra experiencia-porque es más fácil concebir la violencia indescriptible con que frecuente­mente viene esta tentación a los que tienen hambre y sed de justicia, que expresarla con palabras. Cuando ven por una parte, en una luz fuerte y clara, la terrible maldad de sus co­razones, y por otra, la santidad sin mancilla a que están lla­mados en Jesucristo-de un lado la profundidad de su corrup­ción y su separación completa de Dios, y del otro la imagen del santo, en la que están renovados, la altura de la gloria de Dios-muchas veces desmaya su espíritu, casi podrían exclamar: "¡Esto es imposible para con Dios!" Están prestos a abandonar su fe y su esperanza, a arrojar de sí esa misma confianza con la que deben vencer todo por medio de Cristo quien los fortifica, por medio de la cual, después de haber hecho la voluntad de Dios, recibirán la promesa.
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10. Y si "hasta el cabo retuviéremos firme la confian­za," indudablemente que recibiremos la promesa de Dios que abraza el tiempo y la eternidad. Empero he aquí otra tram­pa puesta a nuestros pies: al mismo tiempo que anhelamos recibir esa parte de la promesa que ha de cumplirse aquí, "la libertad gloriosa de los hijos de Dios," corremos el peli­gro de que se nos desvíe de la contemplación de la gloria que ha de ser revelada en lo futuro. Tal vez insensiblemente nuestra vista haya dejado de fijarse en la corona que el Juez justo ha prometido dar en aquel día a todos "los que aman su venida." Quizá nos desviemos de la vista de esa herencia incorruptible que nos está reservada en el cielo.

Esta sería una pérdida para nuestras almas y una demora para nuestra santidad, puesto que para emprender la carrera que nos es propuesta, precisa tener siempre fijo ante nuestra vista el punto al que nos dirigimos. Esta es la con­fianza que tiene "grande remuneración de galardón" y que antiguamente animó a Moisés a escoger "antes ser afligido con el pueblo de Dios, que gozar de comodidades tempora­les de pecado. Teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los Egipcios." Muy claramente se dice de uno mayor que El, que "habiéndole sido propuesto gozo, sufrió la cruz, menospreciando la vergüenza," hasta que "se sentó a la diestra del trono de Dios." De lo que fá­cilmente podemos deducir lo importante que es tener siem­pre nuestra vista fija en ese gozo, para poder llevar cualquiera cruz que Dios en su sabiduría nos ponga, y acercarnos cons­tantemente a la gloria por medio de la santidad.

11. Empero al procurar alcanzar esto, lo mismo que esa libertad gloriosa que le precede, corremos el peligro de caer en otro ardid con el que el demonio procura enredar a los hijos de Dios. Tal vez nos cuidemos tanto del día de mañana que nos olvidemos del adelanto del día de hoy. Podemos es­perar un amor tan perfecto que nos olvidemos de usar el que ya se ha derramado en nuestros corazones-y de esto ha habido ejemplos de personas que han sufrido mucho, de in­dividuos que estaban tan profundamente interesados en lo que habían de recibir en lo futuro, que se olvidaban por com­pleto de lo que habían recibido. Esperando recibir cinco ta­lentos más, escondieron en la tierra el único talento que te­nían. Al menos no lo usaron para la gloria de Dios y el pro­vecho de sus almas, como pudieron haberlo hecho.

12. Así es que el enemigo sutil de Dios y del hombre procura invalidar la sabiduría divina, tratando de dividir el Evangelio en contra de sí mismo y procurando hacer que la una parte destruya a la otra, que la esperanza de la obra per­fecta aniquile la primera obra de Dios en el alma. Hemos visto varios de los métodos que usa para hacer esto, tapando, como quien dice, las fuentes mismas de la santidad. Esto lo consigue más eficazmente haciendo de esa esperanza el mo­tivo de mal genio.

13. De manera que cuando nuestro corazón tiene sed de esas grandes y preciosas promesas; cuando anhelamos recibir la plenitud de la gracia de Dios, como el ciervo brama por las corrientes de las aguas; cuando nuestra alma exclama llena de fervientes deseos: "¿por qué se detiene su carro, que no viene?" no dejará pasar la oportunidad de tentarnos a que murmuremos de Dios. Pondrá en juego toda su astu­cia, todo su poder, a ver si acaso, estando desprevenidos, puede influir en nosotros y convencernos a que murmure­mos del Señor porque demora su venida. Al menos procurará despertar en nosotros cierto grado de inquietud o de impa­ciencia-y aun quizás de envidia de aquellos quienes, según creemos, ya han alcanzado el premio de su vocación celestial. Perfectamente sabe que al dejarnos dominar de estas pa­siones, estamos destruyendo cabalmente aquello que desea­mos edificar.
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Al buscar de esta manera la santidad, nos volvemos más pecadores que antes. Y hay gran peligro de que nuestra úl­tima condición sea peor que la primera; que seamos seme­jantes a aquellos de quienes habla el apóstol en estas terribles palabras: "Mejor les hubiera sido no haber conocido el ca­mino de la justicia, que después de haberlo conocido, tor­narse atrás del santo mandamiento que les fue dado."

14. Satanás espera sacar de esto otra ventaja más: des­acreditar el buen camino. Sabe perfectamente que son muy pocas las personas que pueden-y muchísimas las que pue­den, pero no quieren-discernir entre el abuso accidental y la tendencia natural de una doctrina. Por lo tanto, aúna estas cosas constantemente con referencia a la doctrina de la per­fección cristiana, a fin de predisponer la mente de los incau­tos en contra de las promesas gloriosas de Dios. Y ¡cuán fre­cuentemente, cuán generalmente, casi estuve por decir cuán universalmente, prevalece en esto! Porque, ¿dónde está el hombre que al observar cualquiera de los malos resultados accidentales de esta doctrina, no colija de ellos inmediata­mente que son su tendencia natural, y luego exclame: Ved los frutos, los frutos naturales, de la tal doctrina? Nada de eso: son los frutos que resultan accidentalmente del abuso de una verdad preciosa. Pero el abuso de esta o de cualquiera otra doctrina bíblica no destruye su uso en manera alguna, como la infidelidad del hombre que tuerce la vía recta no invalida la promesa de Dios. Dios es verdadero, los hombres son men­tirosos. La Palabra del Señor permanecerá. "Fiel es el que prometió." No nos movamos de "la esperanza del evangelio."

Paso a considerar, en segundo lugar, de qué manera podemos parar las saetas agudas del enemigo malo, y cómo podemos servirnos de estos mismos ataques para alcanzar mayor crecimiento.

II. 1. Primeramente, Satanás procura resfriar nuestro gozo en el Señor haciéndonos meditar en nuestra naturaleza pecaminosa y en el hecho de que sin santidad ninguno verá al Señor. Tomad esta flecha que os dispara y arrojádsela en la cara por medio de la gracia de Dios, y, al mismo tiempo que sentís vuestra vileza, regocijaos más en la esperanza de que toda esta maldad quedará destruida. Al afirmaros más en esta esperanza, cualquiera mala disposición que sintáis, si bien la podéis odiar muy cordialmente, podrá ser el medio de aumentar vuestro humilde regocijo en vez de disminuirlo. 'Este pecado y aquel otro," podréis exclamar, "se desvane­cerá ante la presencia del Señor. Como se derrite la cera en el fuego, así desaparecerá todo esto ante su faz." Mientras mayor sea el cambio por hacer en vuestra alma, más triun­faréis en el Señor y os regocijaréis en el Dios de vuestra sal­vación, quien ya ha hecho cosas tan grandes por nosotros y quien llevará a cabo otras mucho mayores.

2. En segundo lugar, con gran vehemencia os asaltará, valiéndose de esta sugestión: Dios es santo, tú eres impuro. Estás muy distante de esa santidad sin la cual nadie verá al Señor. ¿Cómo puedes gozar del favor de Dios? ¿Cómo pue­des imaginarte que estás justificado? Pero cuando así os asalte, procurad afirmaros más en la persuasión de que: No me encuentro en El por las obras de justicia que he hecho; soy aceptado en el Amado, no teniendo mi propia justicia como la causa, en parte o del todo, de mi justificación ante Dios, sino la que es por la fe en Cristo, la justicia de Dios por la fe. Llevad esto sobre el corazón como un escudo: "Soy justificado gratuitamente por su gracia, por la redención que es en Cristo Jesús." Apreciad y estimad más esa verdad pre­ciosa: "Por gracia somos salvos por la fe." Admirad más pro­fundamente el don gratuito de Dios al amar al mundo de tal manera que dio a su Hijo unigénito "para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna."

De este modo, la persuasión del pecado que sentís por una parte, y la santidad que esperáis por otra, contribuirán a establecer vuestra paz y a hacer que mane como un río. Esa paz fluirá como tranquilo río a pesar de las montañas de iniquidad que darán lugar al valle en ese día cuando el Señor tome posesión de vuestros corazones. Las enfermeda­des, el dolor, la muerte misma no bastarán para sugerir la duda o el temor. Como sabéis, un día, una hora, un momen­to, son en la presencia de Dios como mil años. No le falta tiempo para hacer cualquiera cosa que se propone realizar en vuestras almas. El día que Dios escoge es siempre el mejor Por consiguiente, no os acongojéis por nada. Hacedle vuestras peticiones sin temor ni dudas de ninguna clase, sino con acción de gracias, estando seguros de antemano de que no ha de negaros nada que sea bueno.
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3. En tercer lugar, mientras más os tiente Satanás a que soltéis vuestro escudo, a que arrojéis vuestra fe, vuestra confianza en su amor, procurad tanto más conservar lo que habéis alcanzado-desarrollad el don de Dios que hay en vosotros. No os olvidéis nunca de que tenéis un Abogado para con el Padre, "a Jesucristo el Justo," y que "lo que aho­ra vivo, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí." Sea esta vuestra gloria y co­rona de regocijo, y cuidad que nadie os la quite. Recordad siempre que el Redentor vive, que en el último día estará sobre la tierra, y que ahora tenéis redención en su sangre, el perdón de los pecados. Así pues, estando llenos de la paz y el gozo de la fe, procurad adelantar para que vuestras al­mas sean renovadas en la imagen de Aquel que las creó.

Mientras tanto, clamad a Dios continuamente, a fin de que veáis el premio de vuestro alto llamamiento, 'no como Satanás os lo presenta-en una forma horrible y tremenda- sino en su verdadera y genuina belleza. No como una cosa que debéis tener para no desplomaros en el infierno, sino co­mo algo que puede guiaros al cielo. Consideradla como el don más precioso que hay entre los tesoros de la misericordia de Dios. Al contemplarla bajo su verdadero punto de vista, la desearéis con mayor ahínco. Vuestras almas estarán se­dientas de Dios, y de esta conformidad gloriosa con su ima­gen. Y habiendo recibido la promesa de esto y el gran con­suelo de la gracia, no os sentiréis débiles ni cansados en vuestros corazones, sino que persistiréis hasta alcanzar lo que deseáis.

4. Con el poder de la misma fe, apresuraos a la gloria. A la verdad que tenéis ante vosotros la misma perspectiva. Desde el principio Dios ha aunado el perdón, la santidad, el cielo: ¿qué hombre podrá separarlos? Cuidad de no correr este peligro. No dejéis que se rompa uno solo de los eslabo­nes de esta cadena de oro. Por amor de Cristo, Dios me ha perdonado y está renovando en mí su imagen. Muy pronto me hará digno de El y me conducirá a su presencia. Justi­ficado por la sangre de su Hijo, enteramente santificado por su Espíritu, pronto llegaré "al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial." Sí, dentro de poco entrare "a la compañía de muchos millares de ángeles, y a la congre­gación de los primogénitos;" estaré ante "el Juez de todos" y ante "Jesús, el Mediador del nuevo testamento." Pronto desaparecerán estas tinieblas ante la mañana de la eterni­dad. Pronto beberé en el río limpio "de agua viva, que sale del trono de Dios y del Cordero...Allí le alabarán y ser­virán todos sus siervos, y verán su cara, y su nombre estará en sus frentes. Y allí no habrá más noche; y no tienen nece­sidad de lumbre de antorcha, ni de lumbre de sol: porque el Señor Dios los alumbrará: y reinarán para siempre jamás."

5. Si de esta manera probáis la buena palabra "y el poder del siglo venidero," no os quejaréis de que Dios no os haya he­cho también "aptos para participar de la suerte de los santos en luz." Y en lugar de murmurar porque no os ha librado por completo, alabaréis a Dios por lo que habéis alcanzado; le magnificaréis por lo que ya ha hecho, considerando lo que habéis alcanzado como arras de lo que ha de venir. No os impacientaréis porque no habéis sido renovados, sino que lo bendeciréis por la esperanza segura de serlo, y porque ahora está más cercana vuestra salvación de todos vuestros pecados, de lo que estaba cuando por primera vez creísteis. En vez de atormentaros inútilmente porque aún no ha lle­gado, esperad tranquila y pacíficamente, sabiendo que "ven­drá y no se tardará." Sufrid, pues, con paciencia, la carga del pecado que aún lleváis, sabiendo que no permanecerá para siempre. Dentro de un poquito habrá desaparecido por com­pleto. Aguardad a que el Señor obre. Sed fuertes y "él con­solará vuestros corazones." Poned vuestra esperanza en el Señor.

6. Si veis que algunos parecen ser ya partícipes de esta esperanza (hasta donde los hombres pueden juzgar, pues sólo Dios escudriña los corazones), que ya han sido hechos perfectos en el amor, lejos de envidiar la gracia que hay en ellos, sea esto motivo de consuelo y regocijo en vuestros co­razones. Glorificad a Dios. Si un miembro recibe honra, ¿no deberán "regocijarse todos los demás miembros"? En lugar de tener celos y sospechas, alabad a Dios por el consuelo que os da en ellos. Regocijaos al recibir esta prueba de fidelidad con que Dios cumple sus promesas; esforzaos por "alcanzar aquello para lo cual fuisteis también alcanzados de Jesu­cristo."

7. Para poder llevar esto a cabo, redimid el tiempo. Aprovechad los momentos. Afianzad toda oportunidad de crecer en la gracia o de hacer bien. No dejéis que el deseo de recibir mayor gracia el día de mañana os haga negligen­tes el día de hoy. Ahora tenéis un talento, si esperáis recibir cinco más, aprovechad el que ahora tenéis. Si deseáis recibir más en lo futuro, trabajad más por Dios en lo presente. Os basta su gracia para el día de hoy. Dios os está colmando de beneficios, mostrad que sois siervos fieles de la gracia de Dios que ahora tenéis. Sea lo que fuere del día de mañana, sed diligentes hoy día en "añadir a vuestra fe templanza, pa­ciencia, amor fraternal" y el temor de Dios, hasta que obten­gáis el amor perfecto y puro. Dejad que haya estas virtudes en vosotros y que abunden. No estéis ociosos ni seáis estériles en el conocimiento, para que os sea "abundantemente adminis­trada la entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Sal­vador Jesucristo."

8. Finalmente, si habéis abusado de esta bendita espe­ranza de ser santos como El es santo, no por eso la desechéis. Cese el abuso, empero que permanezca el uso. Usad ahora de esa esperanza a la mayor gloria de Dios y en provecho de vuestra alma. Con toda la firmeza de la fe, con la tran­quilidad de espíritu, en la plena seguridad de la esperanza, y regocijándoos siempre en lo que Dios ya ha llevado a cabo en vosotros, seguid adelante hacia la perfección. Creced dia­riamente en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo; pasad de fortaleza a fortaleza, en paciencia, llenos de humil­de gratitud por lo que ya habéis recibido y por lo que habéis de recibir. Corred la carrera que os es propuesta mirando a Jesús, hasta que, por medio del amor perfecto, entréis en su gloria.
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MI REINO NO ES DE ESTE MUNDO

¿Qué quiso decir Jesús cuando dijo que su reino no es de este mundo o que no es de aquí?
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Jesús dijo textualmente: “Mi reino no es de este mundo. Si de este mundo fuera mi reino, mis ministros habrían luchado para que no fuese entregado a los judíos; más ahora mi reino no es de aquí” (Juan 18, 36). La mayoría de las traducciones omiten el “ahora” contenido en la última frase “más ahora mi reino no es de aquí”, (o “mi reino no es de aquí ahora” si se quiere), con la simple frase “mi reino no es de aquí”. Las que conservan el “ahora”, entre otros, están las versiones de Torres Amat, Versión del Rey Jaime, Scio de San Miguel, Monseñor Straubinger.

Por tanto, su reino ahora no es de aquí, pero lo será cuando lo instaure en la tierra a partir de la Parusía.

Además, según el DICCIONARIO VINE, mundo puede significar en Juan 18:36 la palabra MUNDO viene de kosmos (kovsmo", 2889), primariamente orden, disposición, ornamento, adorno (1Pe_3:3 «atavío», RVR; «adorno», RV; véase ADORNO, B, Nº 1). Se utiliza para denotar: (a) la tierra (p.ej., Mat_13:35; Jn_21:25; Hech17:24; Rom_1:20, donde probablemente se refiere al universo; entre los griegos tenía este significado, debido al orden que se observaba en él; 1Ti_6:7; Heb_4:3; 9.26); (b) la tierra en contraste con el cielo (1 Jn_3:17; quizá también Rom_4:13); (c) por metonimia, la raza humana (p.ej., Mat_5:14); En Jn_1:9, «que viene» (RVR: «venía a este mundo»), se dice de Cristo, no de «todo hombre»; por su venida al mundo Él era la luz para todos los hombres (Jn_1:10; 3.16,17, tres veces, 19; 4.42, y frecuentemente en Romanos, 1 Corintios y 1 Juan); (d) los gentiles en distinción a los judíos (p.ej., Rom_11:12,15, donde el significado es que todos los que quieran pueden ser reconciliados; cf. 2Co_5:19); (f) la suma de las posesiones temporales (Mat_16:26; 1Co_7:31a); (g) metafóricamente, de la lengua como «un mundo de maldad» (Stg_3:6), expresando magnitud y variedad.

Es decir, el reino de Cristo no es de esta raza humana imperfecta y pecadora, sino de Dios, del cielo, y por tanto es divino y perfecto. Sin embargo, será establecido en esta tierra por el enviado de Dios, el Mesías, el Señor Jesucristo en su parusía (Mateo 25:31,34).

EL DIABLO, SIMPLEMENTE, UN SER PERSONAL

Efesios 4:27

¡Un dilema difícil para los Cristadelfianos!

Por IngºMario A Olcese (Apologista)


Algunos cristianos sostienen que el diablo no existe, y que éste es sólo una forma de personificar el pecado del ser humano o un sinónimo del pecador mismo. Sin embargo, es interesante leer Efesios 4:27, y su contexto, el verso 26, que dicen:

“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo”.

Pues bien, las palabras de Pablo en los versos anotados arriba me inducen a concluir indefectiblemente que el pecado no puede ser el diablo, aunque los cristadelfianos nos digan lo contrario. Y es que acá Pablo separa el pecado del diablo muy claramente. El dice “no pequéis… NI deis lugar al diablo”, lo que quiere decir que el pecado para Pablo es una cosa y el diablo, otra. Esa palabrita “NI” hace que el pecado sea distinto del diablo. Pablo advierte claramente contra dos cosas distintas: el pecado y el diablo, pues el diablo es el que tienta para que pequemos. Si Pablo hubiera dicho: “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, NO (en lugar de NI) deis lugar al diablo”, probablemente pudiéramos concluir que el pecado puede equipararse al diablo.

Otro pasaje que nos asegura de que el diablo no es la personificación del pecado o un sinónimo para los opositores de Dios es 1 Juan 3:8, que dice: “El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo”. Aquí vemos que Juan dice que el que practica el pecado es DEL (‘pertenecer a’) diablo—¡no diablo! Si Juan hubiera dicho: “El que practica el pecado es diablo” entonces tal vez los cristadelfianos tendrían mucha razón, pero esa palabrita “del” anula tal posibilidad. Por otro lado, si el diablo es el pecado, ¿puede el pecado pecar? Pues eso es precisamente lo que dice Juan, que el diablo peca desde el principio. Definitivamente el diablo no puede ser la personificación del pecado. Y finalmente, Juan dice que el diablo peca desde el principio. ¿Qué importancia tendría que el diablo peque desde el principio? ¡Pues, mucha! Nótese que Juan dice en 1 Juan 3 que el diablo peca desde el principio, ¿cuál principio? ¿Se ha puesto usted a pensar a qué principio se refiere? Pues el mismo apóstol lo aclara en el mismo comienzo de su epístola, que dice: “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida” (comp. Juan 1:1). Así que “el principio” referido por Juan en relación con el tiempo que viene pecando del diablo es el principio de la creación de todo. Esto significa que el diablo de Juan no podía ser un humano pecador, sino alguien que viene ya pecando desde hace miles de años…alguien que no es humano y que estaba aún vivo en los días del apóstol amado. Esto derrumba la tesis de los cristadelfianos en el sentido de que el diablo se refiere a hombres pecadores y opositores a Dios.

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